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sábado, noviembre 29, 2008

The Secret Goldfish: "Are you out of your fucking misery, yet?"

No os lo vais a creer, pero ayer por la noche, a eso de las cuatro de la mañana, vi en la tele una película que era mi biografía o mi autobiografía o un resumen de mis días en el puto planeta Tierra. Me cago en la hostia santa, el susto que me dio casi hizo que me cayera del sillón.
Roberto Bolaño, El hijo del coronel

"Are you out of your fucking misery, yet?". Esa es la última frase que se escucha en el corto I Love Sarah Jane. Un niño va en su bicicleta; en la espalda carga un arco con varias flechas. Las calles están vacías. Hay rezagos de incendios y luchas callejeras. Si se detiene la imagen al paso del niño se ve el vecindario; en una de las puertas semiabiertas hay una leyenda que dice: God is dead. Dios está muerto, y sólo el primer amor nunca muere. El pez, el pez secreto, al ser arrancado del agua - piénsenlo un momento, está asustado, no puede respirar - y luego devuelto a ella, ¿qué sentirá? ¿Felicidad? ¿Rabia con el pescador? ¿Confusión y olvido?. En uno de esos tiernos diálogos con la joven guardia, Helena me hablaba de una película de terror que se vivía a diario, una pesadilla en el parque de atracciones. La siguiente película es un corto (sólo 11 minutos) que parece de zombies, y tiene zombies y sangre y gore y humo y explosiones, pero también tiene esa escena maravillosa en que el niño dice que aún se pone triste algunas veces cuando piensa en esos peces. Sólo el primer amor nunca muere: I Love Sarah Jane.





Sarah Jane: What?! (Angry)

Jimbo: Do you have wonder, what a fish feels when it`s caught and get`s turn back into the water, like it’s he really angry at the guy that just (rend his mouth out?) with a hook o is he confuse, o that is just like forget all thing ever happen, like 5 seconds, I don’t know?

Sarah Jane: Do you have somewhere else to be, with your family or something?

Jimbo: No, they go.

Sarah Jane: Where?

Jimbo: They are all dead.

Sarah Jane: … … … Sorry.

Jimbo: That’s o.k. I get sad sometimes too when I think about fish.


Y para rematar los dejo con este extracto del cuento El Hijo del Coronel de Roberto Bolaño tomado del blog de Portnoy:

(…) os prometo que hacía tiempo que no veía una peli verdaderamente democrática, es decir verdaderamente revolucionaria, no lo digo porque la película en sí revolucionara nada, ni de lejos, más bien estaba pobrecita, llena de tics, llena de lugares comunes, de prejuicios y personajes caricaturescos, pero al mismo tiempo cada fotograma respiraba y exhalaba un aire de revolución, digamos un aire en el que se intuía la revolución, no la revolución completa, para que me entendáis, sino un troza más bien minúsculo, microscópico de la revolución, como si vierais, por ejemplo, Parque Jurásico y no apareciera ningún dinosaurio por ninguna parte, vaya, como si en Parque Jurásico nadie mencionara ni una sola vez al jodido reptil, pero la presencia de éstos fuera omnipresente e insoportable.

¿Os vais haciendo una idea? Yo nunca he leído ni una sola obra del Teatro de cámara proletario de Oswaldo Lamborghini, pero os puedo asegurar que al masoca de Lamborghini no le hubiera disgustado ver una noche a las tres o a las cuatro de la mañana El hijo del coronel. ¿De qué iba la peli? Bueno, no os pongáis a reír, iba de zombis. Sí, sí , más o menos como las pelis de George Romero, sin duda, en cierto modo, un homenaje a George Romero y a sus dos grandes películas de zombis. Pero el trasfondo político de Romero es Karl Marx, mientras el trasfondo político de la película de anoche era Arthur Rimbaud y Alfred Jarry. Pura locura francesa.
No os riáis. Romero es claro y trágico: habla de colectivos que se hunden en el pantano y habla de supervivientes (…)


domingo, agosto 24, 2008

Cromos

Cromos habla también de fotografías, de dibujos o figuras destinadas a una colección infantil. En nuestro país, en Colombia, también es una revista de farándula, una de las revistas del corazón. A veces, los buenos reportajes se encuentran más en estas revistas que en los reconocidos medios masivos. Los dejo con el siguiente reportaje que pueden también encontrar en este enlace: http://www.cromos.com.co/cromos/Secciones/Articulo.aspx?idn=4447


El río de la muerte


Un equipo de Cromos navegó durante cinco días por el cauce del río Cauca y comprobó que su fama de cementerio flotante sigue intacta, como si todavía se vivieran los tiempos de la guerra entre los carteles del norte del Valle.

Por Fernando Cárdenas/ Fotos Christian EscobarMora

En compañía de pescadores, la madre de un joven de 24 años acaba de encontrar flotando en el río el cuerpo de su hijo, cerca de Bolívar, norte del Valle.


El desangre en el río todavía sigue latente. Lo malo es que los vecinos de los pueblos ribereños ya ni siquiera se toman el trabajo de atrapar los cadáveres porque temen meterse en problemas.


La policía de estos pueblos del norte del Valle sostiene que es cosa de todos los días el trabajo de recoger restos humanos del río Cauca.

En la carta de navegación de un puñado de ambientalistas estaba previsto que el viaje duraría cinco días a bordo de un barco por el río Cauca para denunciar la contaminación de las aguas y promocionar un referendo en los pueblos ribereños. Pero la travesía cambió de rumbo. Al arribar a Bolívar, municipio del norte del Valle, apareció el cuerpo de un joven de 24 años, flotando en las oscuras aguas que hace treinta o cuarenta años dejaron de albergar peces.

Cuando llegamos a la orilla, la policía se encontraba acordonando la zona y la madre se subió a una lancha para reconocer el cuerpo de su hijo que descansaba unos metros río abajo. Ella sabía que si alguien se pierde en estos lados, lo más seguro es encontrarlo en algún punto del cauce. “Es un caso de limpieza social de los narcos, de ‘los Rastrojos’, la gente empezó a reclamar porque fumaba marihuana”, confiesa un poblador.

A pesar del dolor y de la tragedia de esta familia, aquí dicen que la señora tuvo suerte al encontrar a su hijo en el río. No fue de las que se mordió el luto, como les ha ocurrido a las víctimas de la matanza de Trujillo, entre 1988 y 1990, cuando narcoparamilitares tiraron al río 342 personas que militaban en cooperativas y participaban en marchas campesinas. Pocos cuerpos se rescataron.

Este recorrido ecológico resultó ser una marcha fluvial de la muerte. Los tripulantes de la embarcación llamada Caucayaco con unas 20 personas a bordo, invitadas por Ecofondo, comprobamos que todavía ocurre el desangre en sus aguas, como en los tiempos en que sirvió de inspiración a Julio Luzardo para hacer el largometraje El río de las tumbas, hace ya cuatro décadas.

Los muertos

El primer hallazgo ocurrió cerca a Buga. Íbamos observando marraneras y vertederos que contaminan el borde de la corriente y que convierten el cauce en una morgue con olores pestilentes cuando, sin darnos cuenta, entre la basura emergió el primero de los cuatro cuerpos abandonados que veríamos en la superficie. Fue Christian, el fotógrafo, quien descubrió al revisar sus láminas que en este punto empezaba la historia macabra.

Son crudas, por si acaso: frente a nuestra nave flotaba el triste espectáculo de un hombre sitiado de gallinazos. Una de las ambientalistas sacó su celular y llamó a la policía de Cali a reportar el suceso. Otra le gritó a un lugareño del hallazgo, pero este no movió una ceja. Los demás sacaban cámaras para capturar el registro. Hernán, el lanchero, con 30 años en las artes fluviales, nos dijo como para suavizar el panorama, que antes era peor: “Veíamos pasar en un día hasta 12 cuerpos amarrados como plátanos”.

Cincuenta metros más allá, también con una asamblea de gallinazos, apareció boca abajo un segundo cadáver: una mujer joven con marcas de tortura en varias partes del cuerpo. “Ambos eran indígenas del Cauca”, dice el conductor y agrega que los cuerpos habían pasado tres días atrás por la altura de Juanchito, como si formaran parte del paisaje, pero que nadie los recogió, porque hacerlo es un lío legal. Ni los municipios cercanos acogen el llamado humanitario, por los costos del levantamiento y de la ceremonia, así que dejan todo en manos de la corriente. La ceguera sirve para esquivar aprietos, engorrosas declaraciones judiciales y el río hace su parte para borrar las evidencias.

El silencio apareció en la barcaza como un leñazo. El escritor y abogado de oficio del río, don Óscar Salazar, se levantó con ahogo y sostuvo que este afluente es “el carro basurero de los municipios, y el carro funerario de una comunidad salvaje que arroja ciudadanos al río”. Este hombre viejo intentaba explicar un fenómeno de desapariciones que se repite desde hace décadas

La historia más conocida es la de Trujillo con sus más de 300 víctimas. Yamile Vargas, de 22 años, llora a su padre que nunca apareció. Ella no se sienta en la orilla a mirar el horizonte. Más bien lo busca en un álbum tipo Panini donde se registran los muertos de la masacre y pone sobre su estampa una foto carné a color, para que se vea mejor. Y cuando tiene tiempo, va a visitar las esculturas que hay en el parque-monumento que están levantando en uno de los cerros del municipio, como un símbolo de reparación.

Doña Consuelo, la encargada de este lugar, sostiene que las víctimas no quieren ir al río. Ya perdieron la esperanza de encontrar a sus familiares, así que el monumento, con unos dibujos que simbolizan a sus muertos –a su marido y a sus dos hijos–, les sirve para calmar el dolor. “Es la única forma de superarlo”, agrega.

A esta altura del río Cauca, en el norte del Valle, son los areneros los que conocen mejor la ruta de los desaparecidos. Antes, cuando las aguas lo permitían, ellos eran pescadores. Ahora uno de estos hombres cuenta que el peregrinaje termina en Beltrán, en el departamento de Risaralda. Allí el afluente se vuelve más tranquilo, con remansos y un gran remolino que detiene cualquier avance. Y hasta ese punto, todavía llegan familias desesperadas buscando a sus muertos. Vienen de río arriba, de pueblo en pueblo, preguntando a los vecinos de la orilla si han visto algo, aunque no siempre tienen suerte. “Yo los llevo en mi bote, nos damos una vuelta a ver si vemos algo y hablamos con la gente por si algo”, comenta el arenero.

Por culpa de la geografía, en Beltrán se han recogido más de 500 NN en las dos últimas décadas, que reposan en Marsella, a menos de una hora en carro. En los noventa, el peregrinaje de las familias obedecía a los muertos de la contienda entre los carteles, entre los ejércitos de ‘Don Diego’ y Wilmer Varela, ‘Jabón’. Luego vinieron por las matanzas de las autodefensas de Carlos Castaño Gil, tras el cambio de siglo, después vendrían por culpa del Bloque Calima, al mando de Ebert Veloza, alias ‘HH’, quien reveló bajo la ley de Justicia y Paz que sus hombres tiraban los cuerpos (más de 500) a este torrente para ahorrar tiempo y dinero, y borrar las huellas del terror.

Ahora los que marchan son las víctimas de los “rastrojos”, esos sicarios y traquetos herederos de los grandes capos, de los Urdinola o de los Henao, que se disputan el Cañón de las Garrapatas, una ruta confiable para sacar cocaína de alta pureza por las costas del sur de Chocó.

Turismo fúnebre

Sin importar las razones, en Marsella, un tranquilo pueblo cafetero, las autoridades han realizado una labor humanitaria poco frecuente, con unos costos enormes: una mala fama sin merecimiento, todo por recoger los cuerpos y enterrarlos en el cementerio público. Debe ser por eso que a los pobladores no les gusta la idea de que lleguen forasteros interesados en el turismo fúnebre que ofrece el cementerio. O que arriben semanalmente esos familiares para ver si esos cuerpos corresponden a uno de los suyos. En especial luego de que las autoridades borraron con pintura blanca las marcas de NN de las tumbas, para neutralizar el fisgoneo.

La verdad, como comenta el sepulturero Luis Gómez, es que son demasiados los cuerpos que han llegado provenientes de las aguas tranquilas de Beltrán. “Ya no los puedo contar”, dice. De todos, el que más recuerda es un deportista que venía torturado, que vestía pantaloneta. “Era muy jovencito y venía con rodilleras”, aclara Gómez, quien en sus tiempos libres es árbitro de fútbol.

Curtido y quemado por el sol, su mayor preocupación consiste en que el cementerio ya no tiene más terreno para recibir restos humanos. “Yo he pedido que se agrande el sitio”, explica. Sin embargo, sus palabras no serán escuchadas en la alcaldía. Según Medicina Legal, el número de muertos registrados en Marsella ha disminuido considerablemente en los últimos años, al pasar de 150 anuales encontrados en el río hace 10 años, a 5 en 2007, y 3 este año.

Y ese descenso de muertes violentas es una excelente noticia que descarta cualquier ampliación del camposanto. Pero contradice las voces de los pescadores del río, quienes explican que lo único que ha cambiado es que ahora ya no recogen los cuerpos por amenazas de unos narcos que se aparecen en “camionetas oscuras”. Más en confianza y en voz baja, revelan que las verdaderas razones están en que las autoridades locales les advirtieron que si sacaban un muerto de las aguas iban a tener que declarar en un juicio.

De modo que con esta política de indiferencia, el peregrinaje de los cinco o seis cuerpos semanales que arriban al remolino de Beltrán ya no tiene un muro de contención. A veces, estos hombres dan un empujón a los restos para que sigan su viaje y se desintegren más allá. Así, con ese poco de ayuda, no ponen en peligro el espacio que aún le queda al cementerio de Marsella y tampoco desinflan los aplausos por las estadísticas positivas de violencia.

sábado, julio 19, 2008

Los crímenes

"Fate miró el suelo, sonriendo, y se dio cuenta del que el crepúsculo del desierto había teñido las baldosas de un color rojo muy suave.
–Soy periodista –dijo.
–Va a escribir acerca de los crímenes –dijo el cocinero.
–No sé de qué habla, voy a cubrir el combate de boxeo de este sábado –dijo Fate".
Roberto Bolaño, 2666

Foto de espn: Oscar Díaz (izq) vs Delvín rodríguez (der).

Casi pude ver en directo morir a un hombre mientras gritaba emocionado, pero hoy leí sobre tantas muertes en tan poco tiempo sin emoción alguna; al final de este post, sólo al final, encontrarán la sangre, las 800 balas, las cabezas cortadas, el asalto con metralletas a una estación de comandancia de la policía mexicana que contaba con más de 100 efectivos, más balas de fusil, de 9 milímetros, los ajusticiamientos, todo eso en menos de 6 horas, el horror, la sangre, el espejo. Pero antes de eso, en mi experiencia personal, está el prodigio. Antes de eso están los ojos inyectados de la sangre producto de la hemorragia cerebral de un boxeador y después de eso vendrán las drogas y la mafia.

Desde hace algún tiempo estoy viendo peleas de boxeo. El viernes, por ejemplo, observé el combate del ‘Toro’ Gutiérrez, un colombiano del peso welter. Peleaba contra un norteamericano, un hombre negro y duro que nunca se cansó en los 8 asaltos en los que se prolongó el combate. El americano usó una pantaloneta ridícula de colores amarillo y violeta. Miller es su nombre, y tiene trenzas en su cabello.

Cuando Miller giraba para intentar un uppercut se le podía ver la gran cicatriz de una cuchillada en su espalda, arriba del hombro derecho. El norteamericano tenía al final de la pelea los ojos inyectados en sangre y caminaba de un lado a otro, miraba a la distancia, hacia algo mucho más lejano que el boxeador que se aferraba a su cuerpo, miraba con esos ojos rojos más allá del guante que venía a su rostro en los continuos jabs del colombiano, miraba tal vez a una casa sencilla de algún gueto de Texas, a su mujer sentada frente al televisor viendo la pelea con las luces bajas, a sus amigos raperos hundidos en una pobreza que no quieren aceptar. El colombiano siempre acertaba sus rectos y cruzados, buscaba la boca del estómago con su puño como si fuera una espada y aunque el americano se cayó solo en unas tres ocasiones (una vez, arrinconado en una esquina y tras ser separados ambos por el árbitro, subió los brazos y dio dos pasos con fuerza en dirección al colombiano para caer de rodillas) el combate fue declarado por los jueces como un empate.

El boxeo es un deporte rudo. Norman Mailer decía que en el boxeo, como en la vida, si ves venir los golpes los puedes aguantar, no importa qué tan duro te peguen, el problema es cuando sale un golpe que no te esperabas. La semana pasada, en otra noche de boxeo, este deporte fue en particular aterrador más que rudo cuando un boxeador no vio venir un golpe. La pelea era en San Antonio, Texas, y estaba pactada a 12 asaltos. Oscar Díaz, de 25 años, usaba una pantaloneta blanca. Recuerdo que fue una buena pelea. Díaz peleó contra un dominicano, Delvin Rodríguez, de pantaloneta blanca con raya roja, quien le estaba dando una verdadera paliza, a la que respondía Díaz con fuerza y decisión más que con un buen movimiento en el ring. El tipo de estrategia de pelea de Díaz era la de me dejo dar unos dos o tres golpes para poder pegarte uno bueno.

Oscar Díaz nunca cayó en medio del combate;lo estaban velando de pie y seguía aguantando los golpes. No hubo conteo. Finalizó el onceavo asalto y quedaba uno para la decisión de los jueces. Díaz se retiró a su esquina y parecía no encontrar su asiento, su entrenador estiraba una mano como un salvavida en el mar de sangre que era su rostro. El juez se le acercó y le preguntó en inglés, Kid, are you OK? Y se escuchó en la transmisión de su micrófono de camisa un Aghhhh, un sonido animal que acompañó de un movimiento de su guante que apartó al árbitro, lo que pareciera decir No me molestes. Dio un paso en falso a la izquierda, otro atrás y uno más la derecha para terminar intentado coger la cuerda superior. El arbitro lo sostuvo de su torso pero no pudo agarrarse bien a la cuerda y cayó sobre la lona. Antes de caer su rostro observó el público, justo al frente y a la distancia estaba la cámara que transmitía en directo. Parecía alguien colgado de una cornisa, quien muy cansado para sostenerse mira por última vez esa delgada saliente que agarra con tres dedos y lo separa del vacío y la caída libre. Se irguió por completo, no se curvó su torso, sólo estuvo ahí de pie, puso su guante derecho sobre la cuerda superior utilizándola como apoyo. Era como uno de los caídos del 9-11 en las Torres Gemelas, que un instante de lucidez comprende que ha perdido, luego se resigna y se suelta.

Se desprendió muy lento. No caía como si fuera un desmayo, caía recto de espaldas. Era como sin un golpe fantasma le hubiera llegado tarde, en realidad un boxeador no espera un golpe fantasma en medio de los asaltos cuando se supone que nada te debe golpear y estàs descansando en tu esquina. Nunca hubo conteo, era el intermedio de la pelea y no había ninguna mujer en bikini con la pancarta del número 12 sobre el cuadrilátero.

El árbitro cruzó las manos por encima de la cabeza y dio por terminado el encuentro, y en el mismo gesto llamó al médico. Fueron pocos segundos, no más de dos minutos en los cuales Díaz no respondía. Pasó el médico y no respondió. No respondió mientras lo aseguraban en la camilla. El dominicano pasó de la euforia y el salto del ganador a una clara preocupación. Las cámaras enfocaban a su familia, posiblemente su hermana mayor y su madre, vestidas ambas con camisetas negras en las que se apreciaba su nombre y una fotografía levantando los guantes. Díaz fue llevado al hospital en Texas. Al cuidado de la sala de urgencias le fue retirada una parte de su cráneo para aliviar la presión por la hinchazón del cerebro. Según la prensa local y especializada, Díaz se encuentra estable en un estado de coma, del que los doctores dicen que debería recuperarse.

El boxeo es un deporte rudo. En algunos casos toca el horror y los crímenes que no ocurren en el cuadrilátero. ‘Sonny’ Liston era uno de esos hombres rudos, con fama de matón. Algún día hablaré de las relaciones de la mafia con Liston, de su vida. Pienso también en cómo un boxeador termina subido en el helicóptero de rescate de Ingrid Betancourt, y es el primero que acierta un golpe en la cara de alias ‘César’ (¿el ojo morado?). Pero hoy es el turno para hablar de Edgar Santana, quien se alistaba a pelear un título mundial de su categoría. Santana, también conocido como ‘El Chamaco’ y que había ganado 24 de sus 27 peleas, 15 de ellas por knock out, fue detenido este viernes junto a 11 personas más por su supuesta participación en una red internacional de tráfico de cocaína. En su detención se incautaron 450.00 dólares y varias libras de coca.

El boxeo deja ver algunas cosas, caracteres inolvidables. Como el personaje de Fate en la novela 2666 de Roberto Bolaño, quien en el mundo del boxeo encuentra el rastro de los crímenes en el que aparecen personas que muestran en un momento el brillo de su vida como el reflejo de un cuchillo en una pelea nocturna. A veces, si sigues el rastro de los boxeadores puedes ver también los vertederos de la ciudad. Presencias, como en esa selección de relatos de James Ellroy esa Ola de Crímenes. Estás atento a todo, golpeado y golpeando, reblandecido por la vida y por los medios. La semana pasada casi vi morir un hombre (aún espero que salga del coma) y grité emocionado en la pelea. El día de hoy leí una noticia y era casi como si viera morir a varios hombres, pero no tuve voz para decir nada. Una pareja fue asesinada por la mafia saliendo de un supermercado; un hombre fue decapitado y la policía aún coteja que la cabeza encontrada encaje con un cuerpo decapitado abandonado unos 200 metros atrás; un comandate de policía fue asesinado en la oficina dentro de su estación, rodeado por más de 100 efectivos, como si un par de narcos se hubiera sentado en medio de mezcal y coca a ver Terminator I para inspirarse. Pensé de inmediato en La parte de los crímenes de Bolaño. Esa redacción tan anormal en Bolaño, llena de puntos seguidos, como si fuera un informe, un dossier de prensa, un comunicado oficial. Pero había algo más en esta noticia del diario El País de España. Ver esta noticia es como asistir en directo al horror, escuchando mudo a un público que grita emocionado bebiendo sus cervezas y comiendo sus snacks. Ellos buscan con su golpes la boca de mi estómago como si fueran una espada. Me falta el aliento. Yo ya no puedo comentar las estupideces de afirmaciones como estas, ni ver emocionado cosas como las noticias que siguen, ¿puedes ver el rostro de Díaz antes de caer, cuando levanta su rostro? ¿Hacia dónde miraba Miller? ¿Quién se atreve a mirar lo que vio el decapitado de Ciudad Juárez? ¿Cómo llamar esto? ¿Ola de asesinatos? ¿Lo bañaron de plomo?

Ola de asesinatos en Ciudad Juárez
La ciudad mexicana sufre once asesinatos en menos de seis horas
EFE - México - 20/07/2008

La localidad mexicana de Ciudad Juárez, fronteriza con El Paso (Texas, EEUU), ha vivido este sábado una jornada de intensa violencia con once asesinatos en menos de seis horas, según ha informado la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua (PGJCh).

En el primer suceso fallecieron acribillados a balazos una mujer y un hombre sin identificar. Las víctimas salían de un supermercado cuando fueron abatidas, según datos de la fiscalía de Chihuahua, cuyos peritos encontraron unos ochenta casquillos de bala en la zona. A la misma hora tuvo lugar el segundo crimen cuando, tres personas fueron asesinadas a balazos en otra zona de la ciudad, a las afueras de una tienda de alimentación

Dos horas más tarde, hacia las 23.00, fue asesinado por un grupo de desconocidos con armas 9 milímetros un joven de 25 años en la colonia Mariano Escobedo de la ciudad, y a la misma hora la policía recibió otra denuncia del crimen de otra persona en un bar, donde se hallaron ocho casquillos de 9 y 40 milímetros.

La lista de asesinatos continuó a las 01.12 (hora local) cuando una mujer de unos veinte años y un varón de treinta fueron acribillados. A esa misma hora en otro punto de la ciudad, la colonia Galeana, fue asesinato Angel Fernado Robles Urbina, de 27 años, por personas que entraron en su casa y dispararon contra él. El cadáver apareció en la cocina de la vivienda.

Finalmente el último crimen registrado por la procuraduría fue detectado a las 2:05. La policía halló envuelto en mantas un cadáver decapitado, y a unos metros, la cabeza del muerto envuelta en una bolsa de plástico y con un mensaje en una cartulina: "Para los Chapos monta perros", lo que hace presumir que se trate de un ajuste de cuentas entre bandas criminales organizadas.

Los homicidios ocurridos en un intervalo de apenas seis horas han tenido lugar a pesar de que Chihuahua es uno de los estados con un despliegue de policías federales y soldados que desde hace meses tratan de contener la violencia y el crimen organizado.

En lo que va de año han sido asesinados en México 2.253 personas, según un recuento extraoficial publicado por el periódico El Universal. Datos del mismo diario del mes pasado señalaban que más de la mitad de todos esos crímenes sucedieron en sólo dos estados, los de Chihuahua y Sinaloa. Las autoridades mexicanas atribuyen la ola de violencia a los ajustes y disputas en el seno de las organizaciones criminales que se disputan las rutas de distribución de droga hacia EE UU.
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Acribillan a comandante en su propia oficina, en Ciudad Juárez
• Uno de 20 jefes amenazado de muerte
• Lo bañaron de plomo 4 encapuchados
• El ataque ocurrió la madrugada de ayer

Ciudad Juárez.- Un comandante de la Policía Municipal de Ciudad Juárez fue ejecutado la madrugada de ayer dentro de la comandancia, por un grupo armado que ingresó hasta su oficina, reportó la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM).

El vocero de la dependencia, Jaime Torres Valadez, indicó que el ataque ocurrió alrededor de las 03:00 horas de este viernes en la estación de policía Cuauhtémoc, localizada en el centro de la ciudad.

Señaló que de acuerdo a testigos presenciales, al menos cuatro hombres encapuchados y portando armas largas irrumpieron en la estación de policía hasta llegar a la oficina de Javier Alarcón Ruiz y le dispararon.

El comandante asesinado estaba incluido en una de dos listas de 20 jefes policiacos amenazados de muerte y que presuntos sicarios dejaron en marzo pasado en el Monumento al Policía, en una plaza ubicada al poniente de la ciudad.
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