martes, marzo 13, 2007

"Dos películas: El castillo de Howl y El laberinto del fauno". Memoria, imaginación, discurso.

¿Vuelven los cantos anarquistas de la imaginación al poder?
Dice Giambattista Vico:

" L (211) En los niños la memoria es muy vigorosa; de ahí que su fantasía sea vívida en exceso, pues ésta no es sino memoria dilatada o compuesta.
(212) Esta dignidad es el principio de la evidencia de las imágenes poéticas que debió de formar el mundo en su primera infancia".

Para Vico la formación de las naciones de su tiempo no se encontraba en un contrato social o en el uso de la fuerza y el valor del territorio, sino que estaba en la fuerza del mito. Orfeo es su ejemplo a seguir. Una nación griega que nace en el momento en que aparecen la civilización y el dominio de la bestia por la lírica, como el mito de Orfeo. El discurso sería la base de la organización social.

En recientes películas, El castillo de Howl y El laberinto del fauno, nos cuentan ambientes de guerra, de los que surge un héroe o heroína que se enfrenta a ellos desde el mundo de la imaginación. Desde ahí se combate y se destruye la violencia real. El poder de la memoria, unido a la imaginación e imágen poética (discurso) crea de nuevo un orden social distinto. Es muy sugerente que las protagonistas en ambas historias sean niñas, casi mujeres, aún inocentes, con una vejez prematura en la primera película mencionada y una madurez a la que quieren obligar en la segunda película.

Siguiendo esta idea: un ejemplo de esto es que si se siguen las distinciones entre discursos de derecha e izquierda, tipo ud. es guerrillero o ud. es paraco, como se pueden apreciar en El Tiempo, se lleva a continuar con un establecimiento social heredado de la guerra fría y un orden bipolar en el mundo. Mamertos de derecha, mamertos de izquierda. De ahí que nuevos discursos como los de la anarquía europea vuelvan a surgir reformados y atrayentes. Así como los discursos que buscan un orden de lo femenino.
Otro ejemplo de esto parte de la capacidad que tiene el establecimiento de borrar o descalificar ciertos hechos dejándolos como versiones desautorizadas por ser uno de derecha o de izquierda, como sería Tacueyo o la masacre de la UP. Desde ahí cobra importancia entonces el trabajo de recuperación de la memoria del país que se realiza desde la ficción. Es la ficción la que nos habla hoy del genocidio de la UP, como lo hace Héctor Abad Faciolince, recupera así nuestra memoria y desde ahí podemos imaginar, construir un nuevo discurso creativo que pueda intervenir en un nuevo discurso social. Ese debería ser un campo desde el cual abordar en la Literatura, la comunicación, la sociología, etc., los cambios sociales.

No más a un orden racional y moderno del mundo, no más a un discurso posmoderno de la academia. Cuando veo las películas con esta dualidad, cuando leo novelas con estos reflejos me pregunto: ¿Vuelven los cantos anarquistas de la imaginación al poder?




5 comentarios:

Phiblógsopho dijo...

Buen blog.

Me seguiré paseando por aquí.

Saludos.

El Mazo dijo...

phiblógsopho: Sea bienvenido.

Gabriel Báñez dijo...

Muy bien por la entrada, y sí, muy cierto, sólo la ficción recupera el patrimonio de la memoria, ese territorio intangible que los historiadores jamás pueden revisar o fechar. Abrazo, y excelente lo de los "Mamertos".

Astrolabio-jsa dijo...

De acuerdo, Mazo, hay que "construir un nuevo discurso creativo que pueda intervenir en un nuevo discurso social". Y más: hay que construir un nuevo discurso social, despulgándolo de esos epítetos retardatarios, que resultan tan reaccionarios. Saludo fraterno.

El Mazo dijo...

Gabriel: exacto, quizá cuando me refería a la imaginación estaba hablando de la ficción. la historia más reciente de este país la está contando la ficción en películas, telenovelas, novelas, cuentos y poesías por nombrar ejemplos. Ahora, tal vez deba una explicación al uso del término mamerto. Hace algún tiempo, cercano a los ideales revolucionarios de los 60´s la línea de Juventudes del Partido Comunista Colombiano se pobló de personas llamadas Alberto, Roberto, Edilberto, y uno de sus dirigetnes se llamaba Mamerto. La izquierda de genealogía guevarista y camilista los apodó despectivamente los "mamertos", y hoy ese uso se ha generalizado para mencionar a todos los radicales políticos, especilmente de izquierda y en lgunos casos d derecha.
Un saludo.

J.S.A: Uy sí, la verdad se me fue la mano con el uso de la palabra "mamerto" pero es de puro cariño. Un saludo.