domingo, octubre 05, 2008

Треблинский ад


El Infierno de Treblinka (Треблинский ад). Eso debieron sentir las víctimas del jefe paramilitar alias El Iguano cuando sabían que iban a ser cremadas en las fincas de los señores de la guerra. Estos campos de concentración a la colombiana, a pesar de que no tenían nombres tan sofisticados como en Treblinka o Dachau, funcionaban con un instrumento parecido: el horno. Los hornos de la fotografía de arriba son los de Dachau, no quiero imaginarme cómo serían los hornos de la finca Patolandia. El Infierno de Treblinka, ese es el título de uno de los más grandes reportajes en prensa de la historia de la humanidad. Su autor quería que todos los seres humanos conocieran ese tema para que JAMÁS se volviera a repetir. Ese fue el primer informe conocido de un campo de concentración. El reportero se llamaba Vassili Grossman. Aún pienso en la sensación del autor al momento de la creación de ese reportaje. Imagino a Grossman sentado en el borde de un tanque de guerra ruso, entrando en territorios ocupados por los nazis, al lado de muchachos llamados Ivanov. Se acercan a Treblinka y lo primero que sienten es un olor. No es una peste, pero se esparce por toda la región como si lo fuera. Huele a ceniza y miedo. Pocos años después se utlizó otra palabra para describirlo: el aliento. En su novela, Vida y Destino, que le costó la persecución de Stalin, a quien también le dolía un discurso que servía tanto para Auschwitz como a los Gulag, Grossman escribía, para abrir su relato de no ficción, estos dos primeros párrafos:
" La niebla cubría la tierra. La luz de los faros de los automóviles reverberaba sobre la línea de alta tensión que bordeaba la carretera.
No había llovido, pero al amanecer la humedad había calado en la tierra y, cuando el semáforo indicó prohibido, una vaga mancha rojiza apareció sobre el asfalto mojado. El aliento del campo de concentración se percibía a muchos kilómetros de distancia: los cables del tendido eléctrico, las carreteras, las vías férreas, todo confluía en dirección a él, cada vez con mayor densidad. Era un espacio repleto de líneas rectas; un espacio de rectángulos y paralelogramos que resquebrajaba el cielo otoñal, la tierra, la niebla".
Al saber hoy de la declaración de El Iguano, me pregunté si los vecinos habrán sentido el aliento de esta bestia. Fueron más de 100 los cuerpos quemados en uno de los hornos, en el otro no se sabe la cuenta. El aliento de Patolandia debería haber cubierto los kilómetros suficientes para hacer despertar al país del ensueño de seguridad democrática. El aliento del campo. La idea de Grossman, por lo menos en Colombia, fracasó: "El ex jefe paramilitar Jorge Iván Laverde, alias “El Iguano” le dijo a un fiscal de justicia y paz de Medellín que en hornos de barro en zona rural de los corregimientos de Juan Frío y Banco de Arenas, a 30 km de Cúcuta, miembros del bloque Frontera de las AUC incineraron a más de 100 personas. Así lo reveló el diario la Opinión de Cúcuta. “En esos dos sitios incineramos a más de 100 cadáveres para evitar que fueran encontrados” Según reveló el Iguano, el primer horno fue mandado a construir en 2001 y dos años después el otro. “En el 2003, le dí la orden a otro comandante que construyera el segundo horno. Este lo hicieron en una finca que llamaban Patolandia. Allí incineramos otro sinnúmero de personas”. El “Iguano” también dijo que para la época los comandantes de la zona hacían desaparecer a las víctimas y las llevaban al corregimiento de Juan Frío y luego de asesinarlas las echaban a los hornos… “Si llegaban a encontrarlos se hubiera formado un escándalo afectando nuestra imagen”. Uno de esos hornos fue ubicado por Noticias Uno. Los habitantes de la zona confirmaron las afirmaciones del cabecilla paramilitar".

Y bueno, preguntarán ustedes, por qué traigo a colación una palabreja rusa. Pues para quienes entiendan un poco de la importancia de la memoria, aquí dejo el valor moral, histórico y humano de este trabajo periodístico, escrito por Vassili Grossman, un reportero y escritor, quien al momento de la Segunda Guerra Mundial se desempeñaba como reportero del diario Estrella Roja de Moscú (por eso la frase final del párrafo que sige). Una de las partes que más impacta del reportaje es cuando Grossman abandona la tercera persona y la descripción pura, para mostrarnos su desespero después que decide quedarse a contar esta historia y se encuentra solo en una habitación, con cientos de entrevistas encima de su mesa, y dice:
"Si se hace infinitamente duro leer esto, el lector debe creerme que también es infinitamente difícil escribirlo. Alguien puede preguntar: “¿Y por qué escribir sobre esto, por qué recordarlo?”. Es el deber del escritor contar esa terrible verdad y el deber civil del lector es conocerla. Quien mirara hacia otro lado, quien cerrara los ojos sin querer saber nada insultaría la memoria de los muertos. Quien no conozca la verdad sobre los campos de exterminio no podrá entender con qué tipo de enemigo, con qué tipo de monstruo tuvo que mantener su combate mortal el Ejército Rojo".
Es una lástima no tener una copia digital completa de esta obra, sólo hay versiones completas en ruso y francés, pero el libro, que fue editado por el Comité Judío Antifascista sí circuló en muchos lugares del país. En la revista Arcadia han dejado parte de este extenso reportaje:

"A los que llegaban del gueto de Varsovia les esperaban terribles tormentos. Las mujeres y los niños eran separados de la multitud y conducidos a los lugares donde ardían los cadáveres, en lugar de ir a la cámara de gas. Las madres enloquecidas de terror eran obligadas a pasar con sus hijos entre los ardientes hornos sobre los que miles de muertos se retorcían entre las llamas y el humo, con contorsiones y sacudidas como si hubieran vuelto a la vida, mientras los vientres de las embarazadas muertas estallaban por el calor y sus hijos nonatos ardían en los úteros abiertos de sus madres. Esta visión podía volver loca hasta a la persona más equilibrada.
Si se hace infinitamente duro leer esto, el lector debe creerme que también es infinitamente difícil escribirlo. Alguien puede preguntar: “¿Y por qué escribir sobre esto, por qué recordarlo?”. Es el deber del escritor contar esa terrible verdad y el deber civil del lector es conocerla. Quien mirara hacia otro lado, quien cerrara los ojos sin querer saber nada insultaría la memoria de los muertos. Quien no conozca la verdad sobre los campos de exterminio no podrá entender con qué tipo de enemigo, con qué tipo de monstruo tuvo que mantener su combate mortal el Ejército Rojo.
Los hombres de las SS comenzaron a aburrirse en Treblinka. La procesión de la gente condenada a las cámaras de gas había dejado de excitarles; se convirtió en una rutina. Cuando comenzó la quema de cadáveres pasaban horas junto a las “tostadoras”; el nuevo espectáculo les divertía. El experto que había llegado de Alemania caminaba junto a los hornos de la mañana a la noche, siempre excitado y comunicativo. La gente dice que nadie lo vio ceñudo ni tan siquiera serio, que la sonrisa nunca le abandonaba. Cuando los cuerpos caían sobre las barras del horno, acostumbraba a decir de ellos: “Inocente, inocente.” Ésa era su frase favorita.
A veces los hombres de las SS organizaban una especie de picnic junto a los hornos: se sentaban allí a barlovento, bebían vino, comían y miraban las llamas. También se reorganizaron los “servicios de sanitarios”. Se excavó una fosa circular con una parrilla en el fondo, sobre la que ardían los cadáveres. Hicieron pequeños bancos en torno a ella, como si fuera un estadio, tan cerca del borde que los que se sentaban allí quedaban justo sobre la fosa. Llevaban allí a los enfermos y los ancianos más débiles, y los «ayudantes médicos» les hacían sentarse en los bancos frente a la hoguera de cuerpos humanos. Cuando se aburrían de esa visión, aquellos salvajes disparaban a las cabezas canosas y las espaldas encorvadas de la gente allí sentada, de forma que los muertos y los heridos caían directamente al fuego.
Nunca nos ha gustado mucho el tosco humor alemán, pero es difícil que ningún ser humano sobre este planeta pudiera imaginar el humor de los SS en Treblinka, cómo se divertían y qué bromas hacían. Organizaban partidos de fútbol, un coro y bailes para los condenados... Había incluso un himno especial, “Treblinka”, escrito para ellos, que incluía las siguientes palabras: Für uns gibt heute nur Treblinka / Die unser Schiksal ist…*
La gente a la que se le escapaba la vida por sus heridas era obligada a aprender ciertas canciones sentimentales alemanas unos minutos antes de morir: Ich bruch das Blumelein / und schenkte es dem schönstegeliebste Madelein…**
El comandante en jefe del campo seleccionó a varios niños de uno de los envíos, mató a sus padres, vistió a los niños con las mejores ropas, les dio montones de dulces, jugó con ellos, y pocos días después dio órdenes de matarlos cuando se aburrió de ese juego. Una de las principales diversiones eran las violaciones nocturnas y la tortura de las jóvenes más hermosas, seleccionadas de cada transporte de prisioneros. Por la mañana los propios violadores las llevaban a la cámara de gas.
Todos los testigos recuerdan un rasgo característico que tenían en común los SS de Treblinka: les gustaban las construcciones teóricas y la filosofía. Todos ellos pronunciaban grandes discursos frente a los prisioneros, en los que se vanagloriaban y explicaban la gran importancia para el futuro de lo que se estaba haciendo allí. Todos ellos estaban profunda y sinceramente convencidos de la importancia y la justicia de su obra".

Leí este reportaje completo hará un año y medio o dos años, justo cuando una amiga recién llegaba de un viaje a Munich. En el reportaje se detallaba un aspecto particular del campo, en particular el de Treblinka y que ese día vi repetido en el de Dachau. En ambos había un camino rodeado de flores que llevaba a la fosa común. Uno de los testimonios que recogió Grossman en Treblinka relataba cómo algunos judíos intentaban rebelarse en este trayecto. Pese a ir desnudos, se presentaron casos como el de una joven, casi una niña, que logró arrebatar una metralleta de uno de los guardias y disparar antes de caer asesinada. El corredor era hermoso, con árboles y flores a su lado. Mi amiga visitó Dachau, lo recorrió como un museo hasta que llegó a los hornos. No aguantó más y salió de ahí; afuera encontró un hermoso camino rodeado de árboles y flores que siguió, me contó antes de entrar a ver una película. En otro testimonio, recogido por Grossman, sobrevivientes escucharon que un joven judío recién llegado fue desnudado junto a sus compañeros, caminó por el hermoso, tranquilo, bello, pulcor, primoroso y soberbio sendero, y justo antes de llegar logra sacar una granada que llevaba camuflada, para morir como un radical del Islam, haciendo explotar su cuerpo junto al de algunos guardias. Pienso en el tamaño de las granadas de la Segunda Guerra. Mi amiga me siguió contando que caminó por ese sendero, no entendía muy bien los letreros en alemán y estaba mareada después de haber visto los hornos, caminó como autómata y de repente casi cae en una gran zanja que se ubicaba al final del sendero. No necesitaba leer ningún letrero para entender la fotografía de cuerpos desnudos curtidos de cal, apilados en lo que antes era una fosa común. Casi vomito, me dijo. Yo cerré los ojos y pensé en la belleza del campo colombiano, las mariposas y el canto de algunos pájaros. Luego empezó una película cuyo nombre no recuerdo. Hoy cierro los ojos y me gustaría imaginar el color verde de Patolandia después de una lluvia, en la madrugada de algún invierno. Tengo ganas de vomitar.

6 comentarios:

Anónimo dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Germán A. Quimbayo dijo...

Interesante el ejercicio histórico que hace con lo sucedido en Treblinka y lo que acontece casi que a diario en este "sufrido" país. Pero igual, ¿de que sirve indignarse, en una sociedad que legitimó la violencia y falta de identidad como pilares de la misma? Pienso que es necesario hacer con más frecuencia estos ejercicios de historia.

Lo felicito. Buen blog.

Anónimo dijo...

Hola Diego,

Necesaria esta entrada. Gracias.

o-lu
http://socioenlinea.blog.lemonde.fr/

Mazo dijo...

Germán, indignarse sirve mucho, a mi parecer, en la expresión está la cura al trauma. Bienvenido al blog.

O-Lu: lista la corrección ;), y como dije antes, es un honor tener a tan buena blogger por acá.

Anónimo dijo...

PERDONAME POR RETOMAR UN DOC ANTES CITADO POR TI EN ESTE SITIO, DONDE LAMENTAS EL USO DADO AL POEMA POR LOS ASESINOS....



C. VALLEJO

LOS HERALDOS NEGROS


Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no se




........SUFICIENTE....

YEPES

Anónimo dijo...

AH VAKN Q ESTS LINK EN GACETILLA

YEPES