miércoles, mayo 31, 2006

Saltaré sobre mi sombra

Trabajé en Nueva York. Eran los años 50. Como policía retirado vivía de pequeños casos, las infidelidades me alimentaban en los peores días. Muchos clientes no levantaban el rostro por vergüenza. ‘Shadowing’, así llamábamos en el oficio ese acto de caminar pegado a las paredes, siguiendo los rastros de pasión, sexo y amor, siendo la sombra de los sentimientos.
Dos pelís enfrentadas tal vez fueron la razón. En la primera Humprey Bogart actuaba su mejor papel, el tipo duro que jamás daba un pie para generar confianza, salvaje e imprevisible. La otra película era francesa, de un tal Godard, en esa aparecía un chico francés que se creía igual de duro que el gran Bogart, robaba autos y vivía al límite, pero todas sus artimañas no prosperaron en el momento en que se enamora de una americana que está insegura entre quererlo o no. El ladrón, un poco ‘naif’, termina siendo delatado a la policía por la joven americana y prefiere quedarse a discutir acerca de su amor antes que huir. Muere miserablemente en la calle ante la mirada de la mujer que pareciera decir ‘me importa muy poco tu suerte y la de todos los tipos ingenuos que por enamorarse creen tener derechos’. En una Humprey salía ileso pero moría su personaje romántico para el mundo, como una especie en vía de extinción. En la otra moría el joven francés pero nacía en millones de hombres ese tipo de amor difícil.
El beso de la muerte fue dado en el primer instante, al nacer, cuando apenas sentía el aire caliente que quemaba los pulmones. Las mujeres de la familia tejían el destino con un celo indomable, la red que iba a amarrar para siempre a Ulises, los augurios que cumpliría Macbeth. Sus desengaños preveían la aparición de una nueva forma de amor. Pero fueron benévolas, dos opciones mantuvieron con el tiempo. Las opciones eran exilio o sumisión.
Para las mujeres las cosas salieron mal y construyeron bajo el ala de la casa hombres débiles como el francés, y por fuera los rudos como Bogart que ellas hubieran querido para sí. Realicé mis propias demostraciones de lealtad, las pruebas de fuego a las que someto y me someto. Caminos que apenas se insinúan para viajeros expertos en descifrar las huellas antiguas en las arenas cambiantes del desierto. Abandoné la dependencia a las infidelidades. Creí en las lealtades. Los antiguos marinos se guiaban por estrellas. Al fondo, el horizonte. Puedes perseguirlo toda la vida y jamás lo alcanzarás, pero te servirá para caminar. Si vas lo suficientemente rápido un zumbido te romperá en dos el alma y una de las partes, no sé si la buena o la mala, se quedará en el camino, en el recuerdo, acompañando a la sombra que te sigue.

8 comentarios:

natalia dijo...

ZZZZZZZZZZZZ

CARLOS A. GAMBOA dijo...

Duerme tranquila Natalia, cuando uno no ha caminado tras su sombra (o la sombra tras uno, da lo mismo)termina dormido en cualquier lugar, porque nada lo alarma..hay que caminar guiados por lealtades, en eso estoy muy de acuerdo Mazo

Falena Azul dijo...

Sugerencia:
En serio, Diego, subéle un punto al tamaño de la letra, a ver si Natalia no se vuelve a dormir.

No es por molestar, pero para los que tenemos gafas, esa letrita es muy mínima. De resto, el texto interesante,como siempre.

Ohh no , espera. La palabra "pelis" suena muy salida de la revista TÚ...con todo respeto, claro...

Besos y abrazos.

Falena Azul dijo...

ahhhh, perdón puse la tilde de súbele donde no era...pero me di cuenta de una...qué oso...jajaja

Chaito

toposauro dijo...

Acabo de linkearte en mi página...

Topamos...

El Mazo dijo...

Natalia: Haces honor a tu nombre Nonita, todos seudónimos de la abuelita, por eso te queremos abueli, por eso te queremos.

Falena: gracias, muchas gracias, y lo de pelis es intencional, así se traducen la mayor parte de las novelas negras, al español más españolete, como las pelís argentinas dobladas al mexicano neutro. besos y abrazos.

Carlos: las lealtades siempre deben guiar el camino, por lo menos las propias, eso es honestidad, un día hablaré más de la honestidad y su diferencias con la honeteté, la prudencia y la phronesis. Hasta eso se encuentra, gratamente, en las redes de Internet, un tema para el lobo digital: las lealtades del individuo en las redes informáticas

Falena Azul dijo...

hola...
yo sé de donde sacas lo de las pelis, pero igual, ese término no me deja de erizar los pelos de punta...esme hiciste acordar de las traducciones de los libros de Reservoir books y de un libro espantoso (traducido por un español algo morboso)que leí alguna vez "Una propuesta indecorosa".

plotino dijo...

Mazo, Carajo, va de la picaresca, en tránsito por la sicaresca hasta la sombraresca. todo un recorrido por la oscuridad de espalda contra la pared, aunque la referencia a boggart esta un poco transitada. vaya a "Dias de guardar" (de Bruguera, aunque no en el culb del misterios) de Carlos perez Merinero, o a las novelas de juan madrid En el círculo de Lectores(más cercano a nosotros)

Para Gamboa, en la novela negra las lealtades son pactos, dejan de ser apegos y se transforman en tratos.(y aunque no es una novela, trate de encontar "Crossing killer" de los hermanos cohen: todo un tratado sobre la lealtad entre delincuentes de cine).

Natalia, si leer en pantalla da sueño, es un buen indicio de que "la letra con lentes entra".

Falena azul, lo de pelis para los españoletes (habría que escribir un texto sobre la jerga de las traducciones españolas)Es igual a lo de nati, para las niñas y juli para los niños, auque pelis suena cuquis.