lunes, octubre 23, 2006

Un Hombre Tranquilo (3)

"Perdido no sólo en la ciudad, sino también dentro de sí mismo. Cada vez que daba un paseo se sentía como si se dejara a sí mismo atrás, y entregándose al movimiento de las calles, reduciéndose a un ojo que ve, lograba escapar a la obligación de pensar. Y eso, más que nada, le daba cierta paz, un saludable vacío interior. El mundo estaba fuera de él, a su alrededor, delante de él, y la velocidad a la que cambiaba le hacía imposible fijar su atención en ninguna cosa por mucho tiempo. El movimiento era lo esencial, el acto de poner un pie delante del otro y permitirse seguir el rumbo de su propio cuerpo. Mientras vagaba sin propósito, todos los lugares se volvían iguales y daba igual dónde estuviese. En sus mejores paseos conseguía sentir que no estaba en ningún sitio. Y esto, en última instancia, era lo único que pedía a las cosas: no estar en ningún sitio. Nueva York era el ningún sitio que había construido a su alrededor y se daba cuenta de que no tenía la menor intención de dejarlo nunca más".

Paul Auster, Trilogía de Nueva York, City of Glass.

Para algunos la tranquilidad es eso: perderse, desaparecer, dejar el celular apagado. Eso es huir, pero, de noche nadie es más rápido que sus sueños. Alguna vez intenté ser más rápido que mis sueños, corrí, corrí tanto que mi mente se agotó hasta que escuché que mis sueños decían detente o disparo. Y vi que me estaban señalando con un dedo hacia el dinero, casa, perro, esposa con bandeja de galletas en la mano y cajas enteras llenas de libros con mi nombre. Luego vi que el mismo dedo con que el sueño me señalaba se posaba sobre un gatillo. Y claro, en estos días de inseguridad los sueños van armados (carajo, hasta los niños deberían ir armados para evitar que los violen curas pederastas, pero prefiero un niño armado a un sueño armado, el niño dispararía y quedaría con la sonrisa en la cara, el sueño se esfumaría y no me gustan las cosas que se esfuman). De noche nadie es más rápido que sus sueños, por eso es bueno perderlos, dejarlo atrás, dar la vuelta en la esquina peligrosa que no conoces y por las noches, cuando los sueños disparan, es mejor despertarse y decir, tranquilo, no voy a ningún lado, no huyo de nadie pero vaya si echo de menos huir de algo, huir no por miedo, sino por saber a qué sabe el sudor al final del camino cuando un montón de sueños vestidos de uniforme y con pistola te digan detente. Y en ese momento, muy, muy tranquilo, meter una mano al bolsillo de la chaqueta, todos los sueños tensionados en sus autos de lujo con luces en el techo, todos los sueños de tus padres, los sueños de tus amigos, el sueño de tu novia, el sueño que apareció en el televisor el otro día, todos esos sueños que desde un helicóptero te dicen no lo hagas, tanquilo, (be cool men, en la versión gringa), todos esos sueños de uniforme que se bajan con sus pistolas de los carros te dicen tranquilo, ven, vamos a hablar en un sitio más tranquilo, ¿te gusta tu oficina?, vamos, hablemos ahí, y se acercan más y más, y en ese momento les diría, yo, yo estoy más tranquilo que ustedes, que en verdad no son mi sueños, claro que ellos no escucharían esas casi inaudibles palabras, y en se momento empuñaría la mano que está en el bolsillo de la chaqueta y le apuntaría al primer sueño que tuviera al frente y tendría sólo un segundo para comprobarles a los sueños que yo era más tranquilo que ellos sin necesidad de ser el más rápido del oeste. Pero claro que está la otra opción, sigue soñando, y entra en una ciudad de cristál y tentáculos, después de todo es tu sueño y en tus sueños puedes ser una estrella de rock tanto como puedes ser Paul Auster porque "nada es real, excepto el azar". Y en mi sueño Bogotá se hunde desde Puente Aranda, y unas cuadras abajo de la Caracas se establece el límite del agua y santa Fé se vuelve un malecón por el que camino y me siento en el bar de playa y piscina más famoso del malecón y pido una cerveza en un dpía de sol y veo pasar a Raffael Chaparro Madiedo y al viejo Blake y los invito a una cerveza, a mirar ese nuevo mar lleno de carros abandonados y siete colores de la gasolina, y le digo a Chaparro: Ahí está tu mar, el mar que soñaste, y él se ríe y brinda conmigo, y me pregunta qué soñé, y le contesto ue soñé con un montón de sueño como policías que me persiguían hasta el borde de un camino y me los cargaba a todos antes de que pudieran dispararme, y él se caga de la risa y me dice que no sueñe pendejadas y se va a caminar sobre las aguas, y el viejo Blake me dice, cabrón, está sonando como Ray Loriga, y yo le digo, viejo Blake, y si Ray Loriga no es más que un personaje y yo no soy más que un personaje de Paul Auster perdido en la ciudad, y claro, suena Thom Yorke con And _ it _ rained _ all _ night, y yo me quedo ahí, tan tranquilo viendo el atardecer más soleado de una Bogotá con mar, y de The click click clack of the heavy black trains, y The tick tock tick of a ticking timebomb, tranquilo. Y claro, llama Lobo y le digo que cómo se iba aperder este sueño tan loco, y él me dice tranquilo, y cómo es que se llama la niña, y ahí Yorke entona

I can see you
But I can never reach you

It's relentless
Invisible
Indefatigable
Indisputable
Undeniable

y me quedo ahí tranquilo, viendo un atardecer oscuro con Madiedo caminando sobre las aguas en el malecón del Santa Fé.

3 comentarios:

Falena Azul dijo...

Querido Mazo...estoy trabajando entonces no tengo tiempo ni para respirar...pero pasé a dejarte un saludo y una mariposita de colores...

El Mazo dijo...

Querida Falena: pues muchas gracias por pasar, de verdad que se le agradece. :)

Arlovich dijo...

Hablé con la psiquiatra de la universidad sobre tu caso. Me dijo que estaba perdido sin remedio. Pero que intentaras con otra ciudad de cristal y sin Loriga en el tren.

Que viajaras a la Habana. De urgencia.